La diferencia en los niveles de desarrollo y madurez entre las empresas y las personas radica en una adecuada gestión de riesgos. Actualmente, vivimos en un entorno de cambios acelerados que impactan significativamente a las organizaciones. Aquellas con un sistema de riesgos deficiente, que no se ajusta oportunamente a la realidad del negocio, son más vulnerables. El entorno de riesgos exige una evaluación prospectiva y el uso d nuevas tecnologías. Esto es crucial para adoptar procedimientos más eficientes y competitivos, sin comprometer el costo-beneficio fiscal que ofrece la normatividad tributaria.
Un sistema de riesgos robusto capacita a la administración para identificar riesgos críticos y desarrollar un criterio sólido para la toma de decisiones. Entre los factores internos de la gestión de riesgos, el nivel de efectividad del control interno es fundamental. Este control permite prever desviaciones a los planes de negocio establecidos por la dirección, asegurar el cumplimiento regulatorio y de las obligaciones fiscales de la empresa. Además, facilita una gobernanza transparente que salvaguarda los intereses corporativos, generando confianza entre partes interesadas y relacionadas.
Con frecuencia, la dinámica política y las tendencias de mercado, tecnológicas, negocios y tributarias no se observan con suficiente atención para adecuar o ajustar las políticas de gobernanza. Esto impide la sincronización de las actividades productivas con las estrategias de desempeño. Por ejemplo, la adopción de nuevas tecnologías que permitan una mayor capacidad competitiva en el mercado o la implementación de un software para la gestión documental, son esenciales. Estas herramientas pueden cerrar brechas de ineficiencia y, al mismo tiempo un mayor control y gestión de riesgos.
De acuerdo con datos de la Unidad de Planeación Minero-energética UPME, el precio de carbón térmico presento un descenso considerable en 2024, debido a la incertidumbre en el mercado generada por la cancelación de las exportaciones colombianas a Israel. Este impacto en el mercado afecto significativamente los productores carboníferos de Santander y Norte de Santander, quienes posteriormente recuperaron el valor en promedio de 23.36%.
Esta coyuntura de la caída del precio en el carbón térmico plantea la necesidad de desarrollar planes de contingencia integrados al Sistema de Gestión Riesgos SGR que mitiguen el posible impacto sobre los activos financieros y de inversión. El SGR deberá evaluar continuamente los diferentes factores de riesgos que afecten los KPIs, contemplando los ajustes a las políticas contables y de planeación fiscal para poder cumplir compromisos contractuales y regulatorios en los trabajos de obra. Estos ajustes, deberán observar la implementación y revisión del cumplimiento legal de mecanismos de transparencia en la información para con las partes interesadas, debido a los cambios de política contable que puedan afectarse por alguna situación en particular.
Estas adaptaciones estratégicas en la minería replantean los tiempos en que se debe amortizar los estudios exploratorios, en la medida que se afecten dichas actividades y la etapa productiva. Sin embargo, los riesgos generados por cambios de política minera pueden transformar estas inversiones en gastos amortizables o reconociendo el total del gasto, afectando significativamente el resultado del ejercicio.
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